Desearte, lo opuesto al arte

Revista cultural digital

El estigma de la enfermedad mental

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

El enfermo mental es considerado hoy un lastre de la sociedad, un ser que da miedo porque en él nos vemos reflejados como en un espejo cóncavo, en él nos vemos cara a cara con al miedo de volvernos locos también. Nos reencontramos con la posibilidad de perder el contacto con nuestra amada e irreal realidad. El loco es aquel que, como decía Machado,vocifera a solas con su sombra y su quimera”. Es el que porta la marca y la señal, el estigma, el raro, el peligroso, el que se considera, sin serlo, un ser del que desconfiar y al que temer sin que sea nunca más o menos extraño o temible que cualquiera que nos crucemos cada ojerosa mañana en el metro.
De los estudios antropológicos de Mauss y Durkheim colegimos que aquellos que son considerados locos son, por definición, los que viven en los límites del pueblo o de la ciudad, en casas aisladas, como las brujas, lejos del lugar central en el que moran la mayoría. Al no estar controlados por el común de los normales son mirados con recelo, son exogrupo. Son personas que están en el límite, por ejemplo, de la edad normal; son locos y raros las viejas, los niños, el cine lo ha sabido explotar para dar mucho miedo. Todo aquel que no es típico, que no es masa, que está a las afueras, exento del control de los que son iguales, de la muchedumbre y también de la mediocridad es tachado de desconocido y por ende, extraño. Porque un loco era también Rimbaud, Höldering, Mozart o Becket, sin duda un loco puede ser un genio.
Lo peor es que un loco, un enfermo mental, un psicótico o un esquizofrénico sufre y hace sufrir a su entorno, entonces es cuando entran los profesionales con sus terapias y sus medicamentos más o menos acertados. Muchas veces a los enfermos metales se les estigmatiza desde los medios de incomunicación, y, como a los inmigrantes, otra clase de “outsiders” de la sociedad, se les recalca con énfasis su categoría de tales cuando cometen una tropelía. Y me pregunto si esos que matan a sus mujeres o maltratan a sus hijos no son menos enfermos mentales que aquellos que están etiquetados como tales por un presunto profesional. Así hay políticos, aritistillas, programas de televisión, absurdas costumbres consumistas como la del día del abuelo, el roscón de reyes o la navidad, que se podrían calificar de locuras, pero como la mayoría de personas los ven, los creen y lo compran son normales. Parándonos a pensar la racionalidad de las cosas llegaríamos a la conclusión de que nos pasamos el día cometiendo locuras objetivas como levantarse a las siete de la mañana para trabajar, ir al gimnasio compulsivamente, comprarnos un coche determinado, tomar rayos uva, cantar el cumpleaños feliz con cara de lelos, comer con cubiertos, escuchar las noticias y ¡creérnoslas¡ o celebrar un gol como si celebráramos nuestra propia supervivencia vital.Los medicamentos son fundamentales para evitar que el delirio se dilate en el tiempo y pueda ser peligroso para la integridad del enfermo o los demás, todos estamos de acuerdo en el poder de la medicina en este aspecto. Lo no deseable es el abuso y la creencia que sólo con medicamentos se ayuda a esta gente. Las terapias de apoyo por parte de profesionales son imprescindibles para sobrellevar enfermedades que en muchos casos son para toda la vida, hay que enseñarles como manejar las situaciones y prepararse cuando las pistas les dicen a los enfermos y sus familias o entorno que un brote puede llegar. Pero no podemos quedarnos aquí, después esta gente tiene que integrarse en la sociedad y debe haber mecanismos para ello. Se necesita toda una red de hospitales de día, de centros especiales, de cursos profesionales, de empresas que los contraten. No son el detritus de la sociedad que se pueda encerrar en un manicomio, deben formar parte de la sociedad, que, en parte, los enloqueció, el sistema no los debe desechar sino hacerlos servir de combustible con una serie de mecanismos integradores, dentro de las limitadas o no tan limitadas capacidades de cada enfermo. Machado al final del poema de “el loco” se pregunta quién está más loco;“No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.”
Para acabar quisiera, ya que hoy me siento especialmente poético, reescribir aquí una poesía que escuché hace poco en la radio, en “radio Nicosia”, un programa hecho por enfermos mentales a imitación de otro experimento argentino en el que tan bien son capaces de explicar sus miedos y sus filias, sus fobias, las preocupaciones y preguntas que los “sanos” también nos hacemos. Me pregunto en este punto que quizás un loco no sea más que alguien con una sensibilidad mayor, aunque pienso que este matiz genial de la locura ya le fue otorgado en otro tiempo a la tuberculosis, la enfermedad de la bohemia, de la poesía, que por desconocida era tributaria de ser considerada una hipotética consecuencia de la ultrasensibilidad del alma. Hasta que se descubrió que detrás de ella había un prosaico bacilo. Entonces otra enfermedad de incierta naturaleza, la locura, se convirtió en la tisis del cerebro.
Os dejo con la poesía de la princesa Inca, sin su permiso me permito reproducir las palabras que le dedica a un psiquiatra;
“No tienes derecho a decirme si debo o no debo,
Nadie es más que nadie,
Ni tus libros me valen porque yo tengo los míos
Y a veces no hay libros.
Que la vida es observar
Y notar como duele esa misma vida
En el origen profundo de las venas,
Dejar que te voltee y te hunda,
Mirar si tiene la forma de una ciudad
que visitaste hace años
y que queda en el recuerdo
no tienes derecho a decirme si soy o no soy
porque ser nadie sabe,
que todos somos miedo y alegría
y a la vez agua y hastío
no tienes derecho, jamás,
a decirme si valgo o no
porque no hay números en le alma
ni pastillas para el alma
no hay precio aunque insistan
vendiéndonos en cada esquina,
no tienes derecho, tú, jamás,
a ser yo”

2 comentarios to “El estigma de la enfermedad mental”

  1. roberto said

    quiero decir que me siento identificado con este poema, en especial por mi forma de ser y pensar, muchas veces me cataloga la gente, dicen que estoy loco por que hablo solo, o por que paso planeando mi futuro dibujando un croquis imaginario.

  2. miguel said

    LA LOCURA NO ES OTRA COSA QUE LA SABIDURIA MISMA, QUE CANSADA DE VER LAS VERGUENZAS DEL MUNDO A OPTADO POR LA INTELIGENTE RESOLUCION DE VOLVERSE LOCA

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