Desearte, lo opuesto al arte

Revista cultural digital

El rock del inseguro

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

Calzaba un cuarenta y uno-cuarenta y dos,

no medía más de uno setenta y cinco,

vestía con ropa sencilla…..

No era un tipo complicado,

era un tipo del montón,

de esos que pagan el seguro a plazos,

de esos que no saben bailar,

de esos que cambiarían todo su sueldo por ligarse a la vecina del quinto,

a la que tiende sus braguitas descaradamente,

para que las vean toda la gente,

en la ventana que da al patio interior,

esa vecina que siempre que se la cruzo le hace pensar:

“hoy se lo digo, hoy la invito a cenar”,

aunque siempre le sale un balbuceo parecido a:

“bu-bu-buenos días, ¿queeeee tal va?”

Pobre Fulanito de Tal,

déjate ya de mandangas,

olvida que eres un perdedor,

que no naciste en
La Moraleja,

y sal de tú patio interior

a arrancarle las braguitas de un bocado,

a llevarla en brazos hasta el altar,

a penetrarla hasta por las orejas,

no naciste en
La Moraleja,

pero tienes derecho a estar enamorado.

Cómo camarero era un portento,

cómo estudiante un suficiente,

cómo amigo para siempre

y cómo camello un enrrollao,

pero cómo Cassanova,

cómo Don Juan de Marco o Romeo,

era más torpe que Judas Tadeo prometiendo fidelidad eterna,

podríamos decir que su entrepierna era cómo el patio de un museo:

demasiados soliloquios y poco cachondeo.

Pobre Fulanito de Tal,

déjate ya de mandangas,

olvida que eres un perdedor,

que no naciste en
La Moraleja,

si esa chica te la pone tiesa

tú trabajo es enamorarla.

Y un día se levantó decidido:

“de hoy no pasa que se lo digo”.

Se fue temprano al supermercado,

iba a necesitar mucho tiempo,

era su primera cena de gala

y no iba a escatimar en gastos:

cambió cuchillas de usar y tirar por Mach 3 Turbo,

loción para después del afeitado por after shave,

colonia Brummel de medio litro por muestras regaladas de perfumes caros,

y en lugar de Don Simón, Don Perignon,

y los condones los compró estriados

y el solomillo de ternera

y la sal importada de Argentina

y los calzoncillos Calvin klein

y se puso el traje de gallo y quemó el de gallina,

y se fue directo a casa de su vecina,

y cuándo le abrió la puerta se lanzó a sus labios

y cometió el agravio de ser todavía un adolescente:

¡había comprado de todo menos pasta de dientes!

Pobre Fulanito de Tal,

déjate ya de mandangas,

sal de tú patio interior,

arráncale las braguitas de un bocado,

penétrala hasta por las orejas,

si esa chica te la pone tiesa puedes llevarla en brazos hasta el altar,

y olvídate de
La Moraleja,

nunca has sido un perdedor,

sólo necesitabas un beso para poder enamorarla;

tú no te lavaste los dientes,

pero ella tenía un resfriado,

ella te estaba esperando,

la vida te ha aleccionado:

no nacistéis en
La Moraleja,

pero tenéis derecho a estar enamorados.

Una respuesta to “El rock del inseguro”

  1. Elena said

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