Desearte, lo opuesto al arte

Revista cultural digital

Los cinco pilares de la vida

Posted by desearte en abril 1, 2007

deseartelog.gifDe pequeño era un niño listo. Muy listo. Aprendí a leer mucho antes que los demás de la clase, sabía contar hasta mil y gracias a los tebeos de Mortadelo y Filemón tenía un vocabulario muy amplio y una forma de escribir impecable. Leía a Pablo Neruda, escribía poemas y dibujaba muy bien. Hace unos años saqué del baúl de los recuerdos un libro de ejercicios de cuando tenía unos seis o siete años. Me pedían que hiciera una  redacción sobre mi serie de dibujos favorita, y elegí Danger Mouse, una serie británica que duraba cinco minutos y lo veía todas las mañanas antes de irme al cole. Al ver este escrito, me sorprendí mucho a mí mismo por la habilidad narrativa que destilaba. Fui corriendo a buscar a mi madre. Le dije: “¿Has visto qué bien escribía de pequeño?” Ella se limitó a mirarme con desprecio y decirme “¡…Mejor que ahora escribias!”Y es que he ido degenerando, por supuesto. Dibujo exactamente igual que cuando tenía cuatro años y creo sinceramente que, como decía mi madre, escribía mejor con esa edad. Pero oye, todavía me defiendo. En el resto de cosas he cambiado bien poco, los pilares de mi vida siguen siendo los mismos con algunas variaciones propias de la edad.  Los 5 pilares de mi vida Todo el mundo tiene los suyos, los míos son, no necesariamente por este orden: 

Las mujeres:Ya desde bien pequeño, nunca he tenido dudas sobre mi orientación sexual. Entonces me volvía loco el cabello largo de las mujeres, era mi barómetro para medir su belleza. Cuanto más largo, más guapa es la chica. De adolescente eso cambió relativamente: ya no era tan integrista, pero decía que nunca saldría con nadie que tuviera el pelo más corto que yo. La realidad es que no me comía un rosco, ya fuera con chicas de cabellos cortos o largos. Y más mayorcito llevé el cabello largo durante mucho tiempo y salí con muchas chicas que lo llevaban más corto, así que supongo que maduré en ese sentido. El hecho de que la mayoría de chicas no me aguantara más de seis meses demuestra que no maduré en otros sentidos.

El Whisky William Lawson. Veraneo desde que tenía seis años en un camping. Allí tengo mis amigos más antiguos, a la mayoría de los cuales veo sólo en verano. En uno de estos, una noche nos dispusimos a salir sin mucho ánimo. No recuerdo por qué motivo, pero no estábamos muy animados, especialmente mi colega Francesc. Empezamos la noche con un botellón en la playa y de invitado especial estaba una botella de William Lawson’s, un whisky del baratillo. Nos lo echamos con naranja y bebimos juntos el primer sorbo. Todavía no entiendo por qué, pero recuerdo que me supo a gloria aquel primer sorbo…y mientras miraba a mis compañeros apurando el trago, Francesc terminó el suyo y lanzó un “¡Joder cómo entra esto tíos!” exultante que expresaba exactamente lo que todos queríamos decir. Luego hubo vítores y fue el comienzo de otra gran noche. Desde entonces el Sr. Lawson ha sido un habitual en mis botellones.

El tenis de mesa. O ping-pong extraoficialmente. En este camping este deporte era algo más. Una pasión, una religión y sin duda una catapulta social. Si querías hacer amigos, debías jugar a ping pong en la vieja mesa de mármol con red de hierro. Al principio odiaba este deporte, pero le fui cogiendo el gustillo desde que alguien de allí me dio su pala, bautizada por mí como “
La Venganza”, porque era únicamente de manera. Con todo, empecé a situarme entre los mejores jugadores del camping y mis siguientes palas “La Venganza II, III”…se iban sofisticando. Hasta que un año exploté como jugador y gané el primer torneo oficial del camping y el de Coma-Ruga. Luego me apunté a un club federado y consolidé mi amor por este deporte, que me ha dado grandes alegrías y a veces grandes disgustos.

El Real Betis. Lo llevo en la sangre. Toda mi familia es del Betis y crecí entre banderas verdiblancas y escudos triangulares. Nunca he sido un fanático ni del Betis ni del fútbol. Pero me gusta mucho y contribuye a mi felicidad. Si no fuera así, los domingos serían muy aburridos.

Queen. También de pequeño recuerdo ver un concierto de ellos por la tele y me quedé alucinado. Luego, en 1989,  descubrí por mi casa una casette del LP The Miracle de ese mismo año y fue el muelle que necesitaba para convertirme en un fan oficial de Queen. Unos años después abrieron un gran centro comercial en Sabadell que tenía una tienda de discos en la que te dejaban escuchar los CD’s sin compromiso. Allí me tragué casi todos los trabajos de Queen. Tenía que esperar a que cambiaran de dependientes para que no fuera demasiado evidente, cosa que gracias a como está el empleo en este país a partir de los 90 pasaba bastante a menudo. ¿Comprarlos? No tenía un puto duro. Así que cuando oigo a uno de esos pijos dela SGAE quejándose de la piratería yo recuerdo aquellos tiempos y le doy besos al cablecito gris este que conecta mi ordenador con materiales que no hubiera sido capaz de disfrutar jamás de otro modo. Invito a quien quiera exponer aquí los cinco pilares de su vida

Una respuesta to “Los cinco pilares de la vida”

  1. a said

    dios, que la gente solo sabe mirarse el obligo y autocompadecerse u/o engrosarse como cerdos fascistas y /o comunistas

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