Desearte, lo opuesto al arte

Revista cultural digital

Archive for the ‘Creadores’ Category

Esperpento

Posted by desearte en mayo 23, 2007

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La liebre

Posted by desearte en noviembre 18, 2006

El lobo observaba complacido el sufrimiento desesperado de la liebre, atrapada en un cepo que le desgarraba la pata. Fragmentado el pequeño hueso, la sangre resbalaba a borbotones a través de la herida infectada por los dientes oxidados de la trampa. Indolente, delicioso, saboreando aquella pieza lograda sin ningún tipo de esfuerzo el viejo cazador se iba acercando lentamente a la sombra del roble dónde se hallaba la liebre. Ésta aturdida por el dolor que se precipitaba punzante desde la pata a todo el cuerpo sólo acertaba a atisbar la deliciosa maleza que se extendía en derredor suyo y a la que acudió presurosa sin ser consciente del peligro humano.

A pocos metros escucho el paso pesado del depredador, percibió el aliento voraz, el hedor de la muerte cerca de su lomo y cómo pausadamente su verdugo acercaba sus colmillos al frágil cuello.

 

-Dime liebre cómo prefieres que te mate.¿ Golpeándote con la pata hasta que mueras, despedazándote con mi boca o inyectando mis colmillos sobre tu nuca hasta que te desangres?

 

La liebre que no era capaz de articular sonido lo miró con los ojos vencidos siendo consciente que la situación no era nada halagüeña, atrapada, con su pata rota, a merced de aquel lobo.

 

-Dime liebre ahora no puedes escapar veloz por las praderas. Ya no tendré que perseguirte, simplemente te tengo aquí dispuesto a devorarte sin esfuerzo.

 

La liebre escuchaba aquel gruñido feroz que era la voz de la muerte y en un último intento de preservación consiguió hablarle así al lobo

 

-Pero lobo tú eres famoso en todo el bosque por tus artes en la caza, ágil, veloz, hermoso en la persecución. Todos saben de tu pericia y de tu sangrienta victoria cada vez que consigues atrapar a una de nosotras. Dime lobo te conformarás con esta hazaña, apelo a la honradez de tu estirpe, a la dignidad que te distingue como cazador. Al menos desátame de este cepo y aunque sea con la pata rota dame la posibilidad de escapar, sé que es imposible compitiendo con tamaño rival así que concédeme esa gracia.

 

El lobo era consciente que en ambos casos conseguiría su propósito pero porqué debía gastar fuerzas, a lo mejor cuando le sobreviniese de nuevo el hambre se hallaría demasiado cansado como para perseguir una de aquellas deliciosas piezas que habitaban el bosque. No la devoraría allí mismo y luego se iría a refrescar al río.

 

-No lo haré liebre, te devoraré ahora.

 

La liebre apurada por las circunstancias observó posado en el roble un pequeño abejaruco que contemplaba toda la escena.

 

-¡Mira lobo! En aquella rama nos mira un pequeño pájaro. Testigo  de nuestro pleito ¿Quieres que sobrevuele todo el bosque anunciando tu miseria, arrastrándote al desprecio de tus hermanos y rivales, merece mi carne delgada tal desprestigio? Piénsalo lobo, puedes ser reconocido por tu honradez y valía. Además con mi pata rota no será difícil atraparme y tu fama quedará intacta.

 

El viejo lobo miró al pequeño pájaro y pensó que el abejaruco es de memoria frágil así que no le preocupó.

 

-No me asusta pues nada ha de recordar de tu muerte.

 

La liebre observó que revoloteaba irredenta entre las amapolas rojas una minúscula mariposa y señalo al lobo.

 

-A todas las criaturas del bosque agrada el vuelo de la mariposa y el espectáculo de sus alas. ¿Quieres que ella hable de tu falta?

 

La liebre notaba que las fuerzas le flaqueaban pero sabía que si lograba abrir el cepo la madriguera se hallaba apenas a unos metros, tendría una posibilidad. El lobo miró a la mariposa y supo que vivían muy poco tiempo y recorrían muy poca distancia con su vuelo. La noticia jamás recorrería el ancho y frondoso bosque y se perdería entre los pétalos de las rosas.

 

-No liebre, su voz es breve y escasa nadie la escuchará. Te mataré aquí mismo.

 

La liebre ya sentía los colmillos del viejo cazador acercándose a su cuerpo cuando vio al joven lobo heredero de la voracidad del lobo viejo aproximarse sigiloso atraído por el sabor de la sangre.

 

-Mira viejo cazador, por el bosque bajo se acerca el que ha de sustituirte. ¿Quieres que él vea el comienzo de tu declive, que juzgue que estás tan demasiado achacoso para perseguir a una liebre malherida?

 

El lobo observo a su contrincante a unos cincuenta pasos, trotaba lentamente hacia el roble mostrando sus colmillos poderosos. En ese instante dudo pues más que su fama le  enfadaba tener que compartir su presa con el joven lobo o bien pelear en la plenitud física de su rival. En aquel momento supo que si abría el cepo dejaba correr a la liebre unos metros y la cazaba sería sólo para él pues la ley de los voraces es inquebrantable en cuestiones de caza y la pieza cobrada en persecución es exclusiva de su dueño.

 

-Haré lo que tú deseas, te daré esa oportunidad pero sabes que te alcanzaré y mis colmillos se hundirán hambrientos en tu carne.

 

Así que el viejo lobo dirigió su mandíbula al cepo y con gran fuerza tiró de sus dientes hacia arriba. El hierro estaba un poco oxidado y costaba abrir su mecanismo. Poco a poco la liebre fue notando como la presión de los hierros iba menguando hasta que por fin pudo librarse. La pata estaba rota, ¿Aguantaría hasta la madriguera? La veía allí a unos metros de distancia con su oscuridad protectora deseosa de engullirla. En un gesto de instinto salió corriendo veloz mientras el lobo intentaba desembarazarse del cepo que se había encasquillado entre sus colmillos. El joven lobo al ver la liebre correr salió tras ella, veloz. La liebre notó el dolor intenso de su pata agudizado por las irregularidades del terreno piedras, raíces, huecos pensó que no lo conseguiría quedaban pocos metros para alcanzar la madriguera. Detrás no oía nada. No se atrevía a girarse, no quería ver como el lobo se acercaba raudo, recortando la vida, a su costado justo en perpendicular corría el joven lobo.

Recorría metros y metros, no sabía cuanto tiempo llevaba corriendo pero ya veía la madriguera delante suyo, el cobijo esperado ya percibía la humedad del subsuelo, el rumor de las aguas freáticas y la oscuridad indemne de su boca, cuando una punzada helada le sacudió en la nuca, sus patas ya no hallaban el suelo, apenas pataleaban alocadas al aire y sintió su sangre fluir por su lomo grisáceo. Extrañada, dolorida vio como la madriguera escapaba de su alcance veloz justo en la dirección opuesta y vio al viejo lobo internarse desnudo de presa entre las zarzas luego se cernió sobre sus ojos la oscuridad del bosque.

 Santi Jiménez

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Vencido

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

Vencido, en parte, por el fraude de mi vida,

Empantanado hasta las cejas de una hediondez Pútrida y macilenta.

Borrado por mi propia desilusión,

En medio de un charco de sombras que se abren anulándome.

Pero con la fuerza del que ya no caerá más allá del suelo,

Con el vapor del aliento de la vida que me queda.

Pensando que puedo recrearme en mi y en otros,

Que me puedo reir sinceramente, que aún puedo llorar,

Porque me quieren y porque no me quieren, o no tanto.

Aún puedo fumar un cigarro al terminar el postre

Y pasear por la ciudad bajo el sol un buen día de frío,

También puedo dormir en el ancho espejo de mis sueños,

Ocultarme en tristezas, agrandar mi sonrisa en hipocresía

Que crece y no asume que es falsa.

Puedo, en fin, perderme en el olvido de todos,

Sin duda me perderá algún día.

Es lo que tiene ser nada, que como todos desapareces,

Un día estúpido, un mal día que no tendrá amanecer siguiente.

Todavía no sé porque me quejo y lloro las lágrimas

De sal de siempre, pesadas hojas de árboles caídos, olvidados,

También ellos en algún día sin noche. Aburrida poesía que se olvidará,

por suerte,
un día,
para ser sinceros,
hoy,
qué poca vida tiene la mala poesía.

Raúl Matas

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El estigma de la enfermedad mental

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

El enfermo mental es considerado hoy un lastre de la sociedad, un ser que da miedo porque en él nos vemos reflejados como en un espejo cóncavo, en él nos vemos cara a cara con al miedo de volvernos locos también. Nos reencontramos con la posibilidad de perder el contacto con nuestra amada e irreal realidad. El loco es aquel que, como decía Machado,vocifera a solas con su sombra y su quimera”. Es el que porta la marca y la señal, el estigma, el raro, el peligroso, el que se considera, sin serlo, un ser del que desconfiar y al que temer sin que sea nunca más o menos extraño o temible que cualquiera que nos crucemos cada ojerosa mañana en el metro.
De los estudios antropológicos de Mauss y Durkheim colegimos que aquellos que son considerados locos son, por definición, los que viven en los límites del pueblo o de la ciudad, en casas aisladas, como las brujas, lejos del lugar central en el que moran la mayoría. Al no estar controlados por el común de los normales son mirados con recelo, son exogrupo. Son personas que están en el límite, por ejemplo, de la edad normal; son locos y raros las viejas, los niños, el cine lo ha sabido explotar para dar mucho miedo. Todo aquel que no es típico, que no es masa, que está a las afueras, exento del control de los que son iguales, de la muchedumbre y también de la mediocridad es tachado de desconocido y por ende, extraño. Porque un loco era también Rimbaud, Höldering, Mozart o Becket, sin duda un loco puede ser un genio.
Lo peor es que un loco, un enfermo mental, un psicótico o un esquizofrénico sufre y hace sufrir a su entorno, entonces es cuando entran los profesionales con sus terapias y sus medicamentos más o menos acertados. Muchas veces a los enfermos metales se les estigmatiza desde los medios de incomunicación, y, como a los inmigrantes, otra clase de “outsiders” de la sociedad, se les recalca con énfasis su categoría de tales cuando cometen una tropelía. Y me pregunto si esos que matan a sus mujeres o maltratan a sus hijos no son menos enfermos mentales que aquellos que están etiquetados como tales por un presunto profesional. Así hay políticos, aritistillas, programas de televisión, absurdas costumbres consumistas como la del día del abuelo, el roscón de reyes o la navidad, que se podrían calificar de locuras, pero como la mayoría de personas los ven, los creen y lo compran son normales. Parándonos a pensar la racionalidad de las cosas llegaríamos a la conclusión de que nos pasamos el día cometiendo locuras objetivas como levantarse a las siete de la mañana para trabajar, ir al gimnasio compulsivamente, comprarnos un coche determinado, tomar rayos uva, cantar el cumpleaños feliz con cara de lelos, comer con cubiertos, escuchar las noticias y ¡creérnoslas¡ o celebrar un gol como si celebráramos nuestra propia supervivencia vital.Los medicamentos son fundamentales para evitar que el delirio se dilate en el tiempo y pueda ser peligroso para la integridad del enfermo o los demás, todos estamos de acuerdo en el poder de la medicina en este aspecto. Lo no deseable es el abuso y la creencia que sólo con medicamentos se ayuda a esta gente. Las terapias de apoyo por parte de profesionales son imprescindibles para sobrellevar enfermedades que en muchos casos son para toda la vida, hay que enseñarles como manejar las situaciones y prepararse cuando las pistas les dicen a los enfermos y sus familias o entorno que un brote puede llegar. Pero no podemos quedarnos aquí, después esta gente tiene que integrarse en la sociedad y debe haber mecanismos para ello. Se necesita toda una red de hospitales de día, de centros especiales, de cursos profesionales, de empresas que los contraten. No son el detritus de la sociedad que se pueda encerrar en un manicomio, deben formar parte de la sociedad, que, en parte, los enloqueció, el sistema no los debe desechar sino hacerlos servir de combustible con una serie de mecanismos integradores, dentro de las limitadas o no tan limitadas capacidades de cada enfermo. Machado al final del poema de “el loco” se pregunta quién está más loco;“No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.”
Para acabar quisiera, ya que hoy me siento especialmente poético, reescribir aquí una poesía que escuché hace poco en la radio, en “radio Nicosia”, un programa hecho por enfermos mentales a imitación de otro experimento argentino en el que tan bien son capaces de explicar sus miedos y sus filias, sus fobias, las preocupaciones y preguntas que los “sanos” también nos hacemos. Me pregunto en este punto que quizás un loco no sea más que alguien con una sensibilidad mayor, aunque pienso que este matiz genial de la locura ya le fue otorgado en otro tiempo a la tuberculosis, la enfermedad de la bohemia, de la poesía, que por desconocida era tributaria de ser considerada una hipotética consecuencia de la ultrasensibilidad del alma. Hasta que se descubrió que detrás de ella había un prosaico bacilo. Entonces otra enfermedad de incierta naturaleza, la locura, se convirtió en la tisis del cerebro.
Os dejo con la poesía de la princesa Inca, sin su permiso me permito reproducir las palabras que le dedica a un psiquiatra;
“No tienes derecho a decirme si debo o no debo,
Nadie es más que nadie,
Ni tus libros me valen porque yo tengo los míos
Y a veces no hay libros.
Que la vida es observar
Y notar como duele esa misma vida
En el origen profundo de las venas,
Dejar que te voltee y te hunda,
Mirar si tiene la forma de una ciudad
que visitaste hace años
y que queda en el recuerdo
no tienes derecho a decirme si soy o no soy
porque ser nadie sabe,
que todos somos miedo y alegría
y a la vez agua y hastío
no tienes derecho, jamás,
a decirme si valgo o no
porque no hay números en le alma
ni pastillas para el alma
no hay precio aunque insistan
vendiéndonos en cada esquina,
no tienes derecho, tú, jamás,
a ser yo”

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