Desearte, lo opuesto al arte

Revista cultural digital

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Soneto de vuelta y media

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

Yo nunca supe mucho de sonetos,

de cálculos silábico-rimosos,

contar me resulta tan fatigoso

que podría convertirse en un reto.

 

Pero es que, el arte, no es un decreto

o mera y simple ecuación en reposo,

el arte se acerca más a un esbozo

que al retoque eterno sobre un boceto.

 

No quiero ser nota que desafina,

un pez alternativo de agua dulce,

ni esa bisagra que siempre rechina,

 

sólo oso hacer poesía que guste

y que al mismo tiempo sea divina.

Pero yendo de Bilbao a Santurce

 

vas a contracorriente y no es discreto,

es más pulcro, limpio,  y decoroso,

vender tú libertad por su respeto.

 

¡Pero saben los seres virtuosos

que antes caricatura que muñeco!

Y dejando el tono ceremonioso

 

os animo a conocer este cruce

dónde la métrica se une a la rima,

el ritmo simplemente se adivina

y oro es siempre lo que de oro reluce,

 

dónde labora, cincela, esculpe,

el poeta cuál minero en la mina,

no quiero decir que sin disciplina

pero sí sin corsé que le disguste.

 

Y este joven poetilla os anima

a hacer de vuestra vida arte jocoso,

convertidla en algo maravilloso,

que hacer el ridículo no os asuste.

 

Por eso os dedico este poemilla

y por eso os confieso su secreto:

es verso libre aprendiz de soneto.

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Eau de Sabine, o 223 asabinados versos, bastardos de tu buena letra

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

Dicen que se ha visto al hombre del traje gris

caminando por calle melancolía,

dicen que ha perdido su mes de abril

en la última noche del decimonoveno día.

Mientras, en el boulevard de los sueños rotos

Barbie Superstar secaba sus ojos,

cuernos, cuernos, cuernos,

ciegos que juegan a hacerse daño.

Con dos camas vacías

y el corazón cerrado por derribo

mandó el mundo a la mierda

y se fue….. a dónde habita el olvido.

Pero como dos son mejor que uno

y siempre llueve sobre mojado

él dijo: “yo también sé jugarme la boca”

y ella gritó: “esta boca es mía”,

y a la sombra de un león

pensaron: “semos diferentes”.

Dicen que en los últimos asientos del furgón de cola

esa noche fueron noches de boda.

Y al otro lado del Atlántico, Dieguitos y Mafaldas

cantan tangos a Valdano,

y matan el hambre con su primo el Nano.

Han perdido su palco en el Colón,

confundieron estrellas con luces de neón,

y los que dijeron años ha: “vámonos pal Sur”

ven hoy marchar a sus hijos bañados en lágrimas de plástico azul.

Eso sí, después de cantarle el último blues a su escalera:

“Argentina, de sobras  sabes que eres la primera”.

Y que no se conviertan en ciudadanos cero,

que se parezcan al joven aprendiz de pintor,

que la negra noche no los convierta en pendejos,

que no pisen demasiado fuerte el acelerador,

que aprendan en las rebajas de enero

a evitar a los de “carguen, apunten, fuego”.

Al mismo tiempo alguien hace su inventario,

es un hombre de la calle,

podría ser tu vecino de arriba

o cualquier juez farsante con doble vida,

un telespañolito más que al fin y al cabo

nunca tuvo veneno en el corazón,

nunca quiso tener las manos de un soldado,

él solo quería ser una chica Almodóvar,

tener mil amores eternos,

jugar con su caballo de cartón,

beberse un güiski sin soda,

cantarle una balada a Tolito,

tomar el sol junto a Eva

mientras daban una de romanos,

huyendo siempre de los de Chicago,

llorando las penas del Fuencarral,

animando a la gente a escuchar a Pablo,

siendo más cristiano que el Papa en su adoración a Satán…..

pensando: “cuando era más joven,

allá por 1968

y rezaba siete crisantemos por mujer,

mi vida era un bolero triste,

una cabaña al otro lado del Edén,

¿recuerdas los besos con sal que me vendiste?

Los cambié por una torre de Babel.

Ahora vivo en la república feliz,

como decirte, como contarte,

que porfa: olvídate de mí,

porque ahora, a mis cuarenta y diez

sé quien es Caín, quien es Abel,

y juro por
la Biblia y el Calefón

que nos sobran los motivos,

que cualquier tiempo pasado fue peor.

Ahora canto el rap del optimista,

sufríamos incompatibilidad de caracteres,

con tu mala sombra a otros percebes,

yo soy cantante de autopista,

coge un taxi y piérdete de vista

y recuerda este delirium tremens:

incluso en estos tiempos, fútiles e ínfimos,

seremos como el sueño y la sed,

grandes enemigos íntimos”.

Y ella dijo: “Adiós, adiós,

si te he visto no me acuerdo,

aquí se termina esta función.

Por poner te pondré un por ejemplo:

me gustan todos menos tú,

te he dado mil besos de Judas

y voy a aprender clases de Kung Fu

para no ser Juana
la Loca.

Hay mil maneras de no quererte.

Bailaré el rocanrol de los idiotas

con el primer Rambo que se alegre de verme,

pisaré charcos con poca ropa…..

lloraré de rabia en las noches de tormenta.

Yo te hubiera vendido mi corazón de contrabando,

retratando a nuestra familia con perrito,

si no fueras tan, si no fueras tan…..”.

Se fue llorando, sin hacer ruido.

No permita la virgen

que lleguen las seis de la mañana,

te tiren la casa por la ventana

y derrumben tu muro de Berlín,

que es mentira que la verdad ofende,

más de cien mentiras lo consienten.

¡¡¡Que nadie juega por jugar,

que los conductores suicidas no son valientes,

que basta y sobra con ponerle un par,

que contigo los males son diferentes,

que la vida moderna nos sienta tan mal…..!!!!

“Más me hubiera valido saber todo esto”,

pensó Doña Pura

el día que entró por primera vez en el café de Nicanor.

Allí vio a Rosa de Lima

besando a Lolita en el mostrador,

y en la barra a Calixto

enseñando a Lázaro un menester:

juegos de azar de los más variopintos

entre dos amigos y una mujer.

Y el pequeño aprendiz, pasándolo bien,

avisa: “peligro de incendio…..

ya eyaculé”.

Sonaba Cecilia de fondo,

como siempre más guapa que cualquiera,

la canción más hermosa del mundo…..

Y bebiendo zumo de neón

llegó el capitán de la calle,

acompañado de Viridiana,

como un explorador de vulvas en un ginecólogo.

Sabía que allí era Gulliver.

Repartió besos en la frente entre los presentes

y se rascó con disimulo el huevo de Colón.

Sonaba el viejo blues de la soledad.

Llamó a Mónica, con tristeza:

“por favor, un traguito más”.

Y acabaron todos en 40 Orsett Terrace

cantando la canción de los (buenos) borrachos

y mirando fotos en blanco y negro;

“ahora que….. todavía somos muchachos

hagamos de las palabras cuerpos.

Quedaos a dormir,

me quedan camas vacías,

al fin y al cabo hay eclipse de mar

y mañana será otro día”.

Y como tomaron pastillas para no soñar

despertaron como un dolor de muelas,

volvían a ser peces de ciudad,

¿hasta cuando adoquines por las aceras?

Las arenas movedizas no son divertidas,

el tratado de la impaciencia es una quimera,

el tango del quinielista nace del alma,

a la orilla de la chimenea de una condena.

Y si amanece por fin,

si acaba la canción de las noches perdidas

y el pirata cojo se vuelve un figurín,

¿dónde quedarán las adivinanzas,

dónde los palos de ciego,

quién cantará bulerías en las ambulancias,

quién dirá a la tortuga que corra hacia el cielo?

Y si volvieran los dragones

cerrarían París Boulevard,

los dulces hoteles perderían habitaciones,

las mentiras piadosas pasarían por verdad,

y los ataques de tos en los corazones

se concatenarían a décimas de la oficina,

los ratones colorados son ratones de piscina

y no salvan a princesas si se ahogan el en mar.

Pero como esto no es un manual de héroes o canallas,

ocupen su localidad,

que les cuento los cuentos que yo cuento:

que somos aves de paso,

que donde dijimos digo decimos Diego,

que qué demasiao,

que aquí no hay pacto entre caballeros,

que estamos locos de atar,

que si gritan: “al ladrón, al ladrón”, nos giramos todos,

que cuando aprieta el frío nos calentamos a ostias,

que los perros del amanecer nos aleccionan en honra,

que vamos a mil por hora sin protección,

que como decimos una cosa decimos la o,

que de purísima y oro vestimos las formas

mientras ponemos medias negras a la conciencia,

que esta noche contigo,

que mañana la despedida,

que a vuelta de correo nos mandamos la lascivia,

que si tú bruja,

que si yo corazón de neón,

que si yo conocí a una mujer,

que si tú te enamoraste de un gorrión.

Como te extraño…..

Yo tengo ganas de…..

Además de egoístas no sabemos perder.

Pero basta ya de pesimismos,

todavía nos queda una canción de amor,

somos malditos, los humanos, pero benditos, al fin y al cabo,

no hay semana negra que dure más de siete días,

hasta
la Magdalena tiene su canción,

en la 69 punto G suena una melodía,

por el túnel de tus sueños te sonríe de nuevo la vida,

ni la frente marchita,

ni estamos como unos calcetines,

ni viene una ola de frío que nos encoja,

que el blues de la soledad aún no nos mofa,

que peor para el sol es una invitación a jugar.

Y llegó esa misma mañana una postal desde
la Habana:

“Eh, Sabina,

a ti que te lo haces,

a usted que le fue tan fácil,

le invito a un bombón helado

si me ayuda a convencer a mi pobre Cristina

de que no se marche de mi vida,

de que quiera soportar mi rap demoledor,

el viejo tic tac de mi viejo despertador”.

“Oiga, doctor,

yo me bajé en Atocha,

pongamos que cerca de Madrid,

ando ya de vuelta casi por Granada,

con una que se llama Soledad y que me ama,

tarareándome al oído el “así estoy yo sin ti”.

Qué te puedo yo decir si me han dado las diez

peleándome con mujeres fatal,

si ya no me sobran muñecas que regalen  besos,

si me plantó la princesita azul…..

¡pero aún recuerdo qué hermosas eran!

Así que para el caso de tu rubia platino

compra violetas para tu Violeta y regálaselas.

Sí, querido amigo, esta noche es tu oportunidad”.

Ring, ring, ring….. la esperanza llama a nuestra puerta.

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El rock del inseguro

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

Calzaba un cuarenta y uno-cuarenta y dos,

no medía más de uno setenta y cinco,

vestía con ropa sencilla…..

No era un tipo complicado,

era un tipo del montón,

de esos que pagan el seguro a plazos,

de esos que no saben bailar,

de esos que cambiarían todo su sueldo por ligarse a la vecina del quinto,

a la que tiende sus braguitas descaradamente,

para que las vean toda la gente,

en la ventana que da al patio interior,

esa vecina que siempre que se la cruzo le hace pensar:

“hoy se lo digo, hoy la invito a cenar”,

aunque siempre le sale un balbuceo parecido a:

“bu-bu-buenos días, ¿queeeee tal va?”

Pobre Fulanito de Tal,

déjate ya de mandangas,

olvida que eres un perdedor,

que no naciste en
La Moraleja,

y sal de tú patio interior

a arrancarle las braguitas de un bocado,

a llevarla en brazos hasta el altar,

a penetrarla hasta por las orejas,

no naciste en
La Moraleja,

pero tienes derecho a estar enamorado.

Cómo camarero era un portento,

cómo estudiante un suficiente,

cómo amigo para siempre

y cómo camello un enrrollao,

pero cómo Cassanova,

cómo Don Juan de Marco o Romeo,

era más torpe que Judas Tadeo prometiendo fidelidad eterna,

podríamos decir que su entrepierna era cómo el patio de un museo:

demasiados soliloquios y poco cachondeo.

Pobre Fulanito de Tal,

déjate ya de mandangas,

olvida que eres un perdedor,

que no naciste en
La Moraleja,

si esa chica te la pone tiesa

tú trabajo es enamorarla.

Y un día se levantó decidido:

“de hoy no pasa que se lo digo”.

Se fue temprano al supermercado,

iba a necesitar mucho tiempo,

era su primera cena de gala

y no iba a escatimar en gastos:

cambió cuchillas de usar y tirar por Mach 3 Turbo,

loción para después del afeitado por after shave,

colonia Brummel de medio litro por muestras regaladas de perfumes caros,

y en lugar de Don Simón, Don Perignon,

y los condones los compró estriados

y el solomillo de ternera

y la sal importada de Argentina

y los calzoncillos Calvin klein

y se puso el traje de gallo y quemó el de gallina,

y se fue directo a casa de su vecina,

y cuándo le abrió la puerta se lanzó a sus labios

y cometió el agravio de ser todavía un adolescente:

¡había comprado de todo menos pasta de dientes!

Pobre Fulanito de Tal,

déjate ya de mandangas,

sal de tú patio interior,

arráncale las braguitas de un bocado,

penétrala hasta por las orejas,

si esa chica te la pone tiesa puedes llevarla en brazos hasta el altar,

y olvídate de
La Moraleja,

nunca has sido un perdedor,

sólo necesitabas un beso para poder enamorarla;

tú no te lavaste los dientes,

pero ella tenía un resfriado,

ella te estaba esperando,

la vida te ha aleccionado:

no nacistéis en
La Moraleja,

pero tenéis derecho a estar enamorados.

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Si yo pudiera convencerte

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

Tras mis palabras tu escucha. No negaré la ilusión,esa infantil esperanza,dulce condena,que electrocuta mi verbocuál elegante tiranadándome cuerda,dándome empuje y corajepara intentar convencerte…..sin agobiarte. 

Por si me escuchas: palabras.  Es necesario observarcómo la vida nos pideser solidarios,cada partícula exigeel compromiso del resto.Cada injusticia,cada asquerosa injusticia,debe de ser denunciadapor la cordura.Alza tu voz en tu círculo,haz de tu verbo estandarte.No te refugiesen la acritud metafísica que considera lo justoguerra perdida.Sal a la calle con ganas,con la ilusión de intentarlo,pero sin prisas….. Por si te escuchan: palabras.

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