Desearte, lo opuesto al arte

Revista cultural digital

Archive for the ‘Literatura’ Category

Index Librorum Prohibitorum

Posted by desearte en diciembre 12, 2006

No mucha gente sabe que existía una lista oficial de libros prohibidos por el Vaticano. Esta lista se fue actualizando a medida que aparecían títulos que, a juicio del Papa, atentaban contra la fe o la moral católica. El último índice se publicó entre 1948 y 1962 y contenía seis mil títulos. Este peculiar “Greatest Hits” tuvo vigencia hasta 1966.

Adjuntamos aquí un enlace del índice actualizado al año 1948.

http://www.cvm.qc.ca/gconti/905/BABEL/Index%20Librorum%20Prohibitorum-1948.htm

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El Prometeo mal encadenado

Posted by desearte en noviembre 27, 2006

Gide
La tragedia del griego Esquilo Prometeo encadenado, nos presenta a un Prometeo víctima de su osadía y a merced de la voluntad divina autoritaria. Se lamenta de lo sucedido y acaba recibiendo su castigo trágico. Gide, con su Pometeo mal encadenado, realiza una recreación moderna de este mito.

Escrita en 1920, esta pequeña obra ha pasado desapercibida para la mayoría de estudiosos de Gide. La acción se sitúa en París, en época contemporánea al autor y narra como Prometeo baja del Cáucaso y de dirige a la ciudad, en un ambiente burgués, de bulevar pero que está ennegrecido: la acción se plantea sobre todo por la noche y hay escenas como la cárcel, un gran teatro oscuro…

Prometeo se nos presenta como un hombre atormentado por su águila. Según él “todos tenemos una”. En un ave que le causa dolor pero sin el cual no puede vivir y ha llegado a tomarle cariño. ¿A que se refiere? ¿qué es esa águila que no nos deja vivir pero que alimentamos cada día? La conciencia (está será la causa de la muerte de Damocles), tal vez la religión, la moral… todo esto se encarna de forma alegórica en el águila, de la cual Prometeo acabará liberándose.

Paralelamente a esa historia, se entrelaza con la de Damocles: un millonario llamado Zeus llena un sobre con gran cantidad de dinero y sale a la calle con él. Se encuentra a un hombre que se llama Cocles y le pide que escriba un nombre y una dirección en el sobre, y escribe el de Damocles. Acto seguido Zeus golpea fuertemente a Cocles y huye. Damocles acabará recibiendo el sobre con el dinero mientras Cocles ha recibido un puñetazo.

Cuando coincidan en un café Cocles, Damocles y Prometeo y se descubra la verdad, Damocles no soportará el mal que su bien le ha causado a otro, y esto le atormentará como la espada de Damocles, hasta que acabará enfermando y muriendo.

Pero en el fondo la culpa ha sido del millonario Zeus, que encarna esa doble faceta de Dios, de demiurgo señor de nuestros destinos y por otra parte de millonario: la fuerza del capital, las dos grandes formas de dominación humana.
Por todo estamos ante una obra moralista, o quizá más bien inmoralista, como una de las obras más famosas de Gide. Toda la obra da la sensación de que escribe en segunda persona, que trata de darnos una lección “antimoralista”. Esto queda reforzado en el discurso público que realiza Prometeo sobre su águila, al que asistimos como un espectador más. El hecho de que el protagonista sea Prometeo, el gran benefactor de la humanidad, le da carisma y credibilidad.

Desde mi punto de vista, es una pequeña gran obra. Pequeña por su reducido tamaño, pero grande por la complejidad de texturas, el excelente tratamiento del tiempo y el espacio, en como las historias de los diferentes personajes se entrelazan y en ese trasfondo comprometido, presentado hábilmente de forma alegórica.

Todo ello en un ambiente disparatado, con personajes con nombres ilustres pero totalmente anónimos. Deambulan por la historia como sombras sin identidad. Son Prometeo, Damocles, pero podríamos ser tú y yo. Todos tenemos un águila, y tenemos que librarnos de ella.

Santi Plaza

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La Guerra de Troya no tendrá lugar, o la historia cíclica

Posted by desearte en noviembre 27, 2006

Giraudoux

La guerra de Troya es un episodio que ha sido centro de atención para numerosos escritores, que han adaptado los hechos que se narran en la Ilíada según sus necesidades. Pero Giraudoux nos presenta una innovación, ya que plantea la acción en los momentos anteriores al estallido de la guerra, y además la sitúa en el bando troyano.
Mientras Andrómaca y Casandra hablan del reciente rapto de Helena por parte de Paris, Héctor vuelve de la guerra y se entera de este rapto y de que va ser padre. Se intuye el peligro de guerra y a partir de ahí la obra será un continuo debate sobre la guerra, sobre la necesidad y la utilidad de ésta. Mientras Héctor y las mujeres se ponen en contra de la contienda, los troyanos utilizarán sus argumentos para justificarla. El autor hace recaer intencionadamente el sentido común en el género femenino: al final incluso Helena, que se nos presenta aquí como una antítesis de los estereotipos que se han creado de ella (bella pero tonta), acabará renunciando al amoron tal de que no se produzca la guerra. Giraudoux retrata perfectamente el ambiente previo a una guerra, siempre de forma irónica; nos muestra la propaganda anti-griega del poeta Demokos, con lo que se burla de esos artistas autodenominados “intelectuales” que utilizan su persuasión con fines políticos. Nos muestra además los estereotipos que se crean acerca del bando enemigo y el amor ciego y estúpido a la patria que se lleva al último extremo. Todo un entramado que el autor sitúa en la guerra de Troya pero que nos parece sumamente actual.

Para entender la temática de la obra hay que situarse en la época en la que fue escrita. En 1935 Europa ha salido de una Guerra Mundial y espera a la segunda. Es la época en que las corrientes literarias se guían por el existencialismo, el pesimismo de una sociedad decadente. Los múltiples anacronismos que aparecen en la obra, sin duda intencionados, refuerzan esa convicción de que Giraudoux en realidad tiene muy en cuenta los acontecimientos contemporáneos. Es admirable que pese a la gravedad de la situación, la obra no esté exenta de toques de humor, a los que llega mediante las ironías, los anacronismos y los juegos de palabras. “La guerra de Troya no tendrá lugar”, una frase esperanzadora, optimista que se verá frustrada finalmente.
Uno de los fragmentos más interesantes es el diálogo final entre Héctor y Ulises. Héctor se da cuenta de que el rapto de Helena es solo una excusa para que los griegos saquen provecho de las riquezas de Troya. Más que una “guerra justa”, término que se trata de definir a lo largo de la obra, es una guerra de intereses. Pese a todo Héctor acaba convenciendo a Ulises de que no debe haber guerra. De hecho, Héctor y Ulises son héroes, y por tanto son ejemplos a seguir: se ha llegado a un acuerdo de paz mediante la diplomacia, e diálogo y el análisis sobre la utilidad y consecuencias de la guerra.
Pero al final el engaño de Demokos llevará a los hechos a su desenlace trágico para los troyanos y épico para los griegos. No deja de ser paradójico que sea un poeta quien cause la guerra con sus palabras. Y así, como concluirá Casandra, “el poeta troyano ha muerto… tiene la palabra el poeta griego”, o sea Homero, demostrando así que la historia siempre la escriben los vencedores.

Santi Plaza

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El Leviatan, de Hobbes

Posted by desearte en noviembre 17, 2006

Thomas Hobbes (1588 – 1679) es considerado uno de los principales filósofos políticos ingleses. De educación escolástica, contactó rápidamente con los círculos de la nobleza inglesa y con teóricos políticos de su tiempo. Como Descartes y Gassendi. En 1637, a raíz de la disputa mantenida entre el Rey y el parlamento, Hobbes hace circular el texto Elementos del Derecho, en el que defiende la necesidad de una soberanía absoluta frente al parlamentarismo. Por miedo a posibles represalias, Hobbes se exiliará voluntariamente a Francia. En 1642 publicará De Cive, una teoría sobre el gobierno, y en 1648 su obra más importante, Leviatán, una teoría sobre la soberanía y una defensa implacable del absolutismo. Posteriormente, en 1966, la cámara de los comunes incluyó el Leviatán en el índice de libros investigados por sus presuntas tendencias ateas y se prohibió a Hobbes publicar más obras. Sus últimos escritos verán la luz póstumamente.La teoría social de Hobbes se entiende como una reacción a las ideas descentralizadoras del parlamento y a la libertad ideológica y concienciadora que proponía
la Reforma. En el Leviatán Hobbes justifica el absolutismo como política ideal contra los males de la sociedad y el Estado es presentado como el instrumento que remedia el estado de naturaleza en el que el hombre se ve envuelto en una situación de guerra de todos contra todos, donde no hay lugar para la paz y la armonía. Hobbes parte de la idea que el hombre, para subsanar una situación caótica y salvaje, establece leyes para la paz y el orden mediante un pacto o contrato social, en el que el poder se otorga a un solo hombre o a una asamblea de hombres, el Estado o Leviatán, que aúna todos los poderes individuales y es soberano absoluto. El estado, por tanto, pese a ser artificial y contrario a la naturaleza humana, es considerado un mal menor, y garantiza la supervivencia y la paz entre los hombres a costa de perder autonomía y libertad individual. En la portada original del Leviatán queda simbolizada la teoría hobessiana. En ella se observa una figura gigante en el centro, el Leviatán, sostiene con los brazos extendidos, simbolizando dominio, una espada y un báculo en cada mano, uniendo el poder secular y religioso. Para Hobbes, cuyo planteamiento del poder es laico, la religión es útil, a nivel pedagógico, ya que predica la sumisión y atempera el pueblo, aunque no debe tener poder. Esta figura gigante, que sostiene la corona en su cabeza, que a su vez contiene mitra, refiriéndose a la subordinación del poder religioso al civil, tiene el cuerpo formado por pequeñas figuras, los súbditos que han otorgado su poder por pacto al Leviatán. La imagen de la figura, por encima de la ciudad, se completa con una inscripción en la parte superior del cuadro, no hay poder en la tierra que se pueda comparar.Bajo la imagen principal, se establece un paralelismo entre el poder secular y el religioso mediante diversas imágenes, fusionando ambos poderes en uno sólo, el Leviatán. Castillo e iglesia, corona y mitra, cañón y rayos anatema, de maldición, trofeos y botines de guerra con tridente y silogísticos, pues el uso de la razón silogística como argumento nos dice que sus armas son las palabras y, por último, se representa el campo de acción, la batalla y el concilio, en el que se toman las decisiones.

En definitiva, todos los aspectos que engloban la sociedad quedan subordinados al estado, a un Leviatán, cuya utilidad y efectividad está por encima del concepto de la justicia.

Sergi Baró

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